Isla Taquile, más del Lago Titicaca


Después de casi 2 horas de viaje en la lancha de la excursión, que con le solcito pegándonos en la cara más el movimiento sobre el agua, ayudo a tener un descanso extra, llegamos a la Isla Taquile.

Esta isla que formó parte del Imperio Inca, lo que se evidencia en algunos restos arqueológicos de la época, continúa, más allá del turismo, con las costumbres de aquellos tiempos.

Al bajar de la embarcación, el guía nos indica el camino para llegar a la plaza central, que se encuentra en el punto más alto de la isla, donde nos reuniremos con él para luego llegar a la casa de una de las familias de las isla que nos brindará el almuerzo incluido en la excursión.

Así, nos encaminamos a nuestro ritmo por el sendero que bordea la ladera y así va ascendiendo hasta la plaza central. Siempre teniendo al bello Lago Titicaca a un lado (uno de los lagos más grandes de América y el lago navegable más alto del mundo, a casi 4.000msnm), las vistas son increíbles. Aunque también lo son sobre tierra, ya que durante todo el camino nos cruzamos con habitantes de la isla, vestidos con coloridas vestimentas tejidas por ellos, arreando ovejas o cargando verduras. Es que los pobladores se dedican mayormente al cultivo, de hecho, en las laderas de la isla se pueden observar las típicas terrazas de cultivo que vimos por todo Perú; también son expertos en el tejido y de allí, lo bello de sus vestimentas.

En la plaza central, se encuentra por supuesto una pequeña capilla y un centro de artesanos, donde los tejidos pican en punta.


Luego de encontrarnos con nuestro guía, seguimos recorriendo la isla en bajada hasta la casa de la familia que nos esperaba. Con vistas al lago nos sirvieron un almuerzo típico con una sopa de maíz de entrada, una fantástica trucha y un rico arroz con leche de postre.

Mientras disfrutábamos el último plato, la familia nos contó su historia, tocaron una canción típica que bailaron desde el más pequeño hasta el abuelo de más de 100 años. Fue una comida única y un regalo increíble poder compartirla con esa familia y compañeros de viaje de todos los lugares del mundo.

Finalmente, descendimos hasta el muelle donde nos esperaba la lancha para llevarnos de nuevo a Puno.

Al llegar aprovechamos para caminar un poco por el centro de la ciudad, realmente a nosotros Puno no nos gustó en sí misma; pero sí nos pareció imperdible todo lo que conocimos haciendo base en ella: las islas flotantes de los Uros, Taquile y lo que vendrá en nuestra próxima entrada: Copacabana y la famosa Isla del Sol. Para este pequeño paso por Bolivia, dejamos nuestras mochilas enormes en el hotel de Puno (al que volveríamos al regresar de Bolivia solo a dormir para salir a Arequipa)y llevamos las mochilas de mano... No se imaginan lo que agradecimos esta idea!!! Nos encontramos en el camino con un pequeño inconveniente... pero no sean ansiosos, queda para la próxima semana!


**Para este u otro viaje no dudes en consultarnos por nuestras redes o a morellaviajesrock@hotmail.com.ar**

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José Cubas 3460

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